Poética de la plegaria de Xochiquetzal Salazar, por Maga Mendoza

Dra. Martha Gabriela Mendoza Camacho. (Maga Mendoza)

Poética de la plegaria es un texto dialógico, mítico, doloroso, erótico y reivindicador. La autora lo ha tejido finamente con hilos de la memoria primitiva, mitológica que presenta en forma de diosas, trenzadas con la voz de un yo, un nosotras poéticas hijas de la tercera y la cuarta ola, buscando las palabras deconstruidas para ser. Tlazoltéotl, Chalchihuitlicue, Cihuateteo, Itzpapalotl y Mayahuel son las diosas invocadas por medio de palabras suplicantes y fervientes de convertirse en estelas necesarias en un contexto de odio y misoginia.

Poética de la plegaria se fragmenta en la voz de las diosas, la voz poética, la voz de la intercesora y en una voz colectiva de mujeres creadoras, fundadoras del “placer propio”, mujeres oráculo que enuncian cosmogónicamente el origen de sí mismas, de agua, de barro, con forma de cavernas, gestadoras, nodrizas que han aprendido a “horadar y sacar miel”. Esta voz colectiva nos remite al teatro clásico, diálogos con una colectividad pasiva y activa al mismo tiempo que aprende a contar la historia nuevamente, con manos de mujer.

Las diosas evocadas, invocadas, guían la lectura:

 Tlazoltéotl, la diosa de la inmundicia, de la lujuria, cuya representación pictórica muestra a una mujer con las piernas abiertas, es la deidad mexica del sexo, de la carnalidad, habitante de la luna, protectora en el parto, es presentada en esta plegaria con palabras que parecen gritos, palabras espinas que piden la purificación de la diosa, la purga del pecado, por medio de la voz de la intercesora que a veces se confunde con el inconsciente, sana, acepta y recrea el gozo y el deseo.

Chalchihuitlicue, la de faldas de jade, en la mitología mexica es la diosa de los lagos, esposa de Tláloc. La voz poética clama el descuido de su padre, mujer agua creadora de todo cuyo ente se pierde en remolinos, corrientes, flujos, decisiones errantes que no puede parar. Chalchihutlicue nos recuerda esos días en donde todo parece salirse de control, donde la energía se consume y se pierde el ánimo, pero al encontrarnos a nosotras mismas, volvemos a llenarnos y entonces entendemos que, como la diosa, también somos “ojos de agua”.

Cihuateteo es una diosa colectiva, en la mitología representa a los espíritus femeninos muertos en el parto, quienes regresaban a la tierra para servir al sol, consideradas guerreras caídas. Un poema con dedicatoria especial “A las mujeres que mueren por abortos mal practicados”, poema doloroso, de crujir de huesos y gritos desgranados, una memoria, un latido.

Itzpapalotl, diosa de la cultura chichimeca, con aspecto fúnebre, quimérico, calavera, mariposa, con garras de jaguar y alas de navajas de obsidiana, es diosa de la guerra, de los sacrificios humanos. En su historia se cuenta que fue sacrificada por Iztac Mixcóatl y los cuatrocientos mixcoas, quienes la flecharon innumerables veces, al matarla, la quemaron y con sus cenizas pintaron sus rostros, luego la adoraron y le dieron un lugar con las estrellas. En su plegaria, la voz poética nos presenta un acto sexual, una lucha de placer y de deseo en donde el ser de la diosa se pierde. La intercesora evoca los recuerdos de la infancia, el dolor de un ultraje que culmina con el ruego de una voz que grita: “madre, reintégranos la fe”.

Finalmente, Mayahuel, diosa del maguey, su mito es una tragedia, después de huir con Quetzalcoatl es despedazada por sus hermanos y hermanas. Sus restos, enterrados por el dios, crearon la planta prodigiosa de múltiples usos: para el hogar, alimento, bebida, vestido. En su plegaria, la voz colectiva nos cuenta su historia, la intercesora nos muestra su erotismo evocado en sus cuatrocientas tetas, en su piel, en el deseo saciado por su líquido que nos da el placer.

En Poética de la plegaria, la autora no sólo une como un tapiz bordado las imágenes de las diosas evocadas, resignificadas, sino que habla de una experiencia corporal, el erotismo se siente en las palabras, el cuerpo aparece como parte de sus temas centrales, en una búsqueda personal, pero al mismo tiempo colectiva con las voces que dialogan y no entre sí. La autora nos presenta un poema dialógico, si es que se puede nombrar así, en donde se puede encontrar un aspecto performativo hacia el consuelo de quienes la lean.