Por la patria
Una narración histórica
Primavera 1914, el famoso puerto de Hamburgo, Alemania: Karl Ludwig Lenz se acabó de graduar de la preparatoria Bismark. Fue 1 de mayo de 1914 y el futuro lo esperaba. El semestre en la Universidad en Hamburgo empezó hace unas dos semanas y Karl estaba listo para sus estudios de leyes; él quería ser abogado y trabajar después en el despacho de la familia. Karl se aplicó en sus estudios y seguramente se convertiría con el tiempo en un buen abogado.
Esta primavera en Hamburgo fue fantástica; Karl se acordó de la fiesta de graduación con sus camaradas y ahora estaba paseando en el malecón del puerto con su novia Lisa, Elizabeth de hecho, pero todo el mundo lo llamó Lisa. Fueron una pareja sacada de una novela: Karl, alto, rubio y con ojos azules; Lisa, un poco más pequeña que él, delgada, con pelo largo, lacio, castaño y unos hermosos ojos verdes. Ambos veían los barcos que entraban y salían del puerto; todo el mundo parecía estar aquí: barcos de pasajeros, pequeñas y grandes embarcaciones de carga, botes y barcazas. El panorama del puerto de Hamburgo en esta tarde de primavera de 1914 fue espectacular.
—¿Vamos a bailar esta noche? Preguntó Karl.
—Déjame preguntar a mis padres, pero creo que sí me van a dar permiso —contestó Lisa, sonriendo.
Ambos se fueron a bailar esta noche con unos amigos y se divirtieron. Imagínense la energía de la juventud, la música y una copa de vino con su novia. Karl quería que esta primavera nunca terminara.
Pero el tiempo volaba, entre los estudios, los paseos con Lisa y los primeros exámenes les llegó junio.
Karl no estaba muy interesado en la política, pero por supuesto leía el periódico seguido; aunque no se veía una amenaza directa en el horizonte, Karl sentía en estos días que su primavera de sueños pronto terminaría. Y esto no fue por el cambio de la temporada. Estaba un poco más serio en estos días.
—No te preocupes, qué va a pasar, no sabemos; vamos a bailar esta noche, solía decir su Lisa en estas ocasiones.
—Tienes razón, vamos —dijo Karl y agarró el brazo de su novia y la escoltó a su casa.
El 21 de junio, como cada año, terminó la primavera y el verano inició; su primavera, sin embargo, terminó como una semana después, el 28 de junio, en una ciudad lejana en la provincia austriaca de Bosnia con el nombre de Sarajevo. El gran duque y príncipe de Austria Franz Ferdinand y su esposa Sophie fueron asesinados por un tal Gavrilo Princip. Bosnia fue incorporada al imperio austrohúngaro en el año 1908, lo cual causó muchos problemas en los Balcanes.
—Ve, Lisa —dijo Karl mostrando el periódico la mañana siguiente—, te dije que algo malo iba a pasar.
– ¿Tú crees? ¿Qué van a investigar y arrestar a los culpables?, vas a ver, comentó Lisa.
—No lo sé, espero que tengas razón —contestó Karl.
Seguían leyendo los detalles del atentado; parece que fue una cadena de malas decisiones del gran duque que luego causó su muerte. Lo mismo pasó en toda Europa en estos días; lo llamaron la crisis de julio. Todos en la Uní de Karl estaban nerviosos y seguían los eventos políticos. Austria-Hungría exigía mano libre en su investigación del asesinato en territorio de Serbia de donde fueron apoyados los terroristas, según ellos. Tenían demandas fuertes para Serbia. El gobierno imperial alemán aseguró a Austria-Hungría su incondicional apoyo en caso de cualquier provocación. Este fue el 5 de julio, el famoso cheque en blanco.
El 28 de julio, Austria-Hungría exigía a Serbia de nuevo unas demandas muy severas y prácticamente imposibles de cumplir sin comprometer su autonomía. La situación en toda Europa estaba tensa y Karl, por supuesto, se preocupaba; ¿debería enlistarse al ejército de una vez? Para estar preparado para defender la patria.
No, todavía no ha decidido; quería un futuro, una familia con Lisa; después de graduarse de la Uní, quería pedirle su mano. A la mejor se calmarían las cosas después, pensó. Pero no se calmaron.
Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, justo un mes después del atentado en Sarajevo. Karl estaba preocupado, como todos. En la Uní, todo el mundo hablaba de nada más que de la guerra y del deber de defender la patria.

“Nuestro emperador Guillermo II ordenó hoy, el sábado 1 de agosto, la movilización total de las fuerzas armadas alemanas en respuesta a las amenazas a nuestra sagrada patria.”
Se podía leer en el periódico este día. El caos en Europa fue total; todo el mundo quería “defender” a su patria que el malvado enemigo quería atacar. Karl no quería ir a la guerra, pero estaba claro su deber para él y todos sus compañeros. El lunes 3 de agosto, todo el salón, incluyendo a su profesor, se enlistaron como voluntarios para defender a la patria alemana. Karl dijo adiós a Lisa y a su familia y se despidió de ellos en la estación central de trenes en Hamburgo.
—No se preocupen, en Navidad estamos todos en casa, van a ver. Dios apoya nuestra causa para vencer a los enemigos de la patria —dijo Karl emocionado. Karl se despidió como todos sus compañeros en la estación de tren entre lágrimas y flores; todo Hamburgo parecía estar en esta estación de tren ese día. Si tenía que pelear, quería ganar, ¿y quién los podría vencer? Sus padres lo hicieron en la guerra contra los franceses en 1870-71 y ahora les tocaba a ellos vencer al enemigo.
No fueron directamente al frente; sin embargo, se fueron a unas barracas militares afuera de la ciudad en donde los entrenaron y aprendieron a marchar. Karl escribía seguido a su Lisa.
Verás, mi amada, en mis primeras vacaciones, pediré tu mano a tu padre; como un héroe de la patria, seguramente no me lo va a negar, leía Lisa.
El entrenamiento fue duro, pero ningún entrenamiento del mundo los podría preparar para los horrores del frente. Pasó el verano y seguían llegando noticias del frente; tomaron Lieja en Bélgica; allí cayó un tío de Karl en los primeros días de la guerra. El ejército alemán seguía peleando en Flandes y entraba a Francia.
Octubre 1914:
En la primera semana de octubre terminó su entrenamiento; Karl y sus compañeros fueron asignados a un regimiento de reserva y subían al tren de nuevo, directo a Bélgica, a Flandes.
—Listo al fin a defender la patria como nuestros padres ya lo han hecho; vamos a atacar mañana. Dicen que tropas inglesas están cerca; traidores todos. Vamos a vencerlos y después, amor mío, vamos a París En nuestra luna de miel te llevo allí —escribió Karl a su novia.
Karl y su regimiento atacaron en el amanecer de la mañana siguiente. El 20 de octubre de 1914, a las 7.30 de la mañana en punto: el regimiento de reserva completo de Karl y sus camaradas salió de las trincheras que lo han cubierto del fuego enemigo hasta entonces. La batalla fue dura y estaba en sus manos romper las líneas del enemigo, por la patria, por el emperador y sí, por Dios.
Fue una mañana fría y húmeda; una ligera neblina cubría el campo de batalla. Los impactos de la artillería convirtieron el campo de batalla en un paisaje surreal de cráteres lleno de muerte. Karl y su regimiento avanzaron hacia las líneas enemigas. Karl disparó, cayó un enemigo. Bien, otro disparo, Karl volteó: fue su amigo, Peter, lo conocía desde la primaria. Cayó con un disparo en la frente. Hans disparó a otro inglés. Avanzaron, ya llegaron a la mitad del campo de batalla; se podían ver las trincheras de los ingleses. Unas ráfagas de ametralladora acabaron con la mitad de su salón de clases. Karl se tiró al piso, apuntó su rifle y disparó a otro inglés.
—Por la patria —gritaron todos y avanzaron de nuevo.
Unas granadas de artillería cayeron cerca de Karl; una bala perforó su corazón. Lo último que vio fue a Klaus, su vecino, con un disparo en la cabeza. Karl y casi todos sus compañeros de la clase de 1914 perdieron la vida ese día, sus sueños, su familia y todo lo que pensaban que les pertenecía, la ilusión de la experiencia de vivir en este plano con la premura de la vida y la exigencia del deber, se desvaneció de un momento a otro, quedando sobre el frio suelo sus cuerpos inertes, ofrendando su preciada vida.
Por la Patria.
La leyenda de Senshi, el Akita blanco del Monte Chōkai
Toshiro fue un noble samurái quien tenía sus tierras en las faldas del Monte Chōkai, en la prefectura de Akita. Fue un hombre leal quien servía a su señor en las muchas batallas que se liberaban en la época feudal en japón. Toshiro tenía una linda familia y su fiel amigo Senshi, un perro Akita blanco quien lo acompañaba hasta en las batallas. Senshi en japonés significa guerrero.
Y eso fue, un perro guerrero, una vez un ejército de un clan enemigo se acercaba al pueblo de Toshiro, ellos bajaban del monte y ya estaban cerca en el bosque. La situación era grave, el enemigo los superó en números el pueblo parecía perdido. Toshiro llevó sus guerreros a la batalla, fueron rápido al cruce del río en el denso bosque y encontraron el enemigo tratando de pasar al otro lado. Se liberó una batalla feroz, sin embargo, cuando llegó el medio día Toshiro y sus hombres ya no pudieron defender el cruce del río. Un Samurái enemigo ataco a Toshiro y lo dio con una lanza, Senshi brincó y mordió al caballo del enemigo y así pudo salvar a su amo. Lo jaló mordiendo su armadura fuera del caos de la batalla. No obstante, todo estaba perdido, el ejercito enemigo los rodeaba, acabando uno por uno incluso los perros guerreros murieron casi todos. Senshi defendía a su amo hasta el fin, hasta una flecha lo atravesaba el cuerpo del perro guerrero. Muriendo rezaba el Akita blanco: —Ancestros ayúdennos, sálvennos de nuestros enemigos. Senshi aullaba una última vez, se escuchaba en todo el bosque y murió. Por un momento todo quedó en silencio, como el tiempo se detuvo, cuando los enemigos querían continuar la matanza se escuchaban de lejos más aullidos de perros, primero lejos y luego más cerca. Toshiro estaba lloraba desconsolado cuando llegó del bosque corriendo una enorme jauría de perros. No fueron perros comunes, fueron los espíritus ancestrales de los Akitas del clan de Toshiro. Los perros fantasmas arrasaban a todos con su feroz ataque, acabando a los enemigos. Senshi los guío, mordió el cuello del general enemigo y ninguno de ellos escapó.
Toshiro y su clan estaban a salvo, cuando buscaron el cuerpo de Senshi y los demás Akitas no los pudieron encontrar. Pero de noche se escucha todavía su aullido y cuando caminas en los bosques puedes ver a un Akita blanco y su jauría. Se dice que ellos están cuidando el bosque y el pueblo de Toshiro. Jamás algún enemigo se atrevió entrar otra vez al bosque embrujado del Monte Chōkai. Y los pocos que lo intentaron jamás han vuelto con vida.

Estoy preparado
Estoy preparado, listo para la siguiente misión.
Agarré el rifle que acababa de limpiar.
Me coloqué el nuevo chaleco antibalas, mucho mejor que el anterior.
Uno tiene que estar bien preparado en estos días.
Listo para las eventualidades de la vida.
Prevenido para cualquier circunstancia.
Dispuesto a enfrentar este día.
Me pongo mi gorra y mis anteojos oscuros, unos cargadores de balas extras, uno nunca sabe. Más vale que sobren a que luego falten.
Aún a mi edad, todavía puedo ser útil, puedo servir y traer el pan a la mesa de la familia.
Ah, escucho pasos, ya viene.
—¿Estás listo? —gritó ella.
—Sí, amor, listo. – contesté.
Perfecto, trae pan y jamón de la tienda para la merienda por favor, me dijo mi esposa.
Voy a la tienda y nadie va a detenerme.
La vida no es fácil, pero en este país estamos preparados.
