



Huir
Grandes raíces,
ahogo en la garganta,
abandono desde el vientre de la madre,
qué dolor absurdo.
La vida marcada apenas nace el grito,
no hay ilusión,
se acaban los anhelos,
ya sin hambre de nada,
todo apesta.
El dolor cae sin pedirlo,
solo voces,
no se escucha nada,
uno más,
que no cuenta.
Despedida
En la noche que quisieras no termine,
acurrucado en los brazos de tu abuela,
acaricia tu cara
y cobija un instante para siempre.
Tus zapatos listos
y la ropa puesta,
la mochila pesada.
El nudo en la garganta ahora se vuelve rezo.
Qué dolor agudo en tu pecho,
no se va.
El abrazo sin consuelo no sabe igual.
Y te sueltas.
Solito Javier,
te ves ahora en los espejos de las calles.
La Bestia
Mi vida pasa en segundos violentos
que sacuden mi cuerpo,
el ruido entra sin pedir permiso,
como una bestia que no espera.
No hay tiempo,
el crujido sigue,
y como en un sueño,
estoy ya sumergido.
Ya no hay vuelta atrás,
la máquina que acecha el dolor ajeno,
se ha instalado en mí.
La sombra del águila
Neblina espesa que no deja ver,
sombra que acecha,
agita sus oscuras alas,
sin ruido contempla,
se deleita
y como una noche más,
encuentra camuflaje.
Observa a una mirada inerte,
estática,
sin movimiento,
indefensión absoluta.
De forma inquisitiva,
se desliza en un vuelo cada vez más bajo,
persistente sigue buscando,
y al final,
encuentra a su presa,
ahora está preparado para sumergir sus garras.
Dormida
Habla ya con calma,
se quita los zapatos,
aventando su cansancio.
Ríe a carcajadas,
sueña despierta,
su sonrisa se refleja en el armario,
y siente pena,
partida está.
El hueco
Quién dijo que no duele,
tremendo dolor veo en mis piernas y en mis manos,
sabor amargo que no se quita,
sabe a metal oxidado.
Rojo escurriendo por mis muslos
y mis pies desnudos,
calor sofocante que no deja respirar,
el sudor que refresca apenas comienza un poco de brisa y seca rápido,
huida que huele a sangre.
Una herida abierta esperando que cicatrice entre gusanos,
un niño que termina de serlo.
Y detrás de cada paso,
arrastro lo que no me pertenece,
en la ausencia de sonido ya no despierta el dolor,
son ya aullidos que no escucho.
Espinas clavadas,
callos que sangran,
tragos de saliva
y los buitres parados ante mi cuerpo, acicalándose.
Shakti
Me gustaría regresar,
despedirme,
gritar quién fue,
para que no se repita,
para que no sufran más madres,
abuelas, hermanas.
Quisiera regresar
y levantar mi voz,
para que no violen a mi amiga,
para hacer justicia.
Sin salida
Huir,
separarme,
salir con presura y sellar el sobre.
La fantasía me llama,
el sueño idealizado abre un fugaz camino lleno de esperanza.
Y lo creo
Me encuentro entre la espesa tiranía del desierto,
hundiendo mis demonios a cada paso,
alucinando el devenir,
escuchando en el humeante calor mis anhelos,
sueños que nunca se cumplirán.
El camino y el retorno,
los dejo pasar,
me culpo,
me ahogo
y es imposible salir para regresar.
Alma libre
Tú,
niña inquieta,
ruiseñor eterno,
blanca nieve,
escurres lento
y el tiempo quiere parar.
Tus trenzas que fuerzan
un nudo de ilusiones,
rosas que aún no brotan,
esperanza abierta.
Tus labios cerrados,
sin color,
sin sabor,
sin dolor.
Ternura eterna,
impulso desbordante,
como si te quitaran la vida,
en tus débiles piernas,
fugaz amanecer.
Destino
Y sí,
es dolor,
el gran anhelo que sabe a nada,
una salida sin fin.
No soy,
me pierdo,
cansado
y al tiempo,
no alcanzo.
Me veo,
perdido,
y encuentro
aquí o allá,
mi destino.




