Razones de lo posible
No hay lugar posible para ocultarse
de un rapsoda
coleccionista de máscaras humanas
y sus exagerados estímulos sensoriales.
Sobre todo, resistente a todos los actos rescatados,
de percepciones que nos condenan
a ser carniceros o carne.
Animal entrampado
venido de la voraz evidencia de simulaciones
a punta de réplicas.
Válidas al mutar de los perdurables,
en el principio transpuesto por prodigalidades
del mismo error.
Refugio de traedores de cosas inservibles
desde lugares sostenidos
por cuatro tortugas marinas y siete caballitos de puna.
Circunnavegando la rebelión contra pensamientos
de todo el día, entre vivas y contravivas.
Confirmados por experimentadores de lo cotidiano,
insinuando orden en la percepción.
Mientras misteriosamente se consolidan
extensiones visibles, para su propio olvido,
pidiendo morir por miedo a la muerte.
Entre el Aspero y Caral
Una celebración determina lo confuso
como primera experiencia inicial.
Destinadas para pequeños detalles de reminiscencias
y psicosis reactivas.
Retomando la música de las percusiones corporales
venidos de la noche.
Desde naturalezas presta-nombres muy complicadas,
donde se engendró la estática y la completitud racional,
entre subidas y bajadas a contrapartidas,
en la niebla rastreadora de desaparecidos.
Viajeros de lo inacabable enredados a movimientos
imposibles para pequeñas naves.
Lugares de fronteras góticas
y sentidos contraintuitivos, guardando tristezas sin rostro
entre extraños sonidos minerales.
Complementando el desafío a los muertos
armados con cuchillos de obsidiana.
Fusión con la eternidad
del misterio imperfecto, haciéndose cada vez más lejano.
Sin marcas conocidas del fuego extinto, frente al absoluto silencio.
Pocos sabemos lo que se experimenta al caminar en la niebla de los cuatro mil metros
Las piedras se agrietan y la tierra acrece
por culpa de esa transformación del plan en el tiempo
en los cuatro mil metros sobre el mar.
Dejando descubiertos efluentes
discurriendo lentos y pegajosos,
igual a babosas de bajoterra.
Donde se escuchan gritos
defendiéndose del falso futuro.
Sin nada a pausar,
ni calibrar de ese duro entendimiento,
gobernando ocultaciones para un buey
y sus falsas culpas.
Síndrome vinculante a morideros,
cumpliendo profecías necesitadas de horizontes
que arrojar al mar.
O de una cárcel de piedra
para que se mezclen y encierren infames biografías
de mal videntes,
refiriendo epitafios que ya no se utilizan hoy en día.
Inevitablemente manipulados
por los mismos viejos momentos de siempre.
Evitando influencias que debiera escuchar
Tu talle,
levísima consistencia escénica de viuda italiana,
y mi amistad con el asesino del viejo genocida español.
Se sitúan en el momento histórico
donde recojo la primera sangre de mis enemigos.
Dejando atrás toda estirpe moral de tiempos a recordar,
para ser parte de la bandada de pájaros humanos
dirigiéndose siempre al sur.
Evitando de esa manera que la mala suerte
se apodere de mi vida.
Y la tradición moral
no implique flotamientos oscuros de ninguna clase.
Mientras repase testimonios especulativos
memoria tras memoria.
Reconciliado con sensaciones comunes que no respondan
a ninguna revelación.
Aunque recurra a nuevas experiencias
recapitulándose sin cesar.
