La errancia como hogar: Un viaje por Isla Itinerante. Poemario de Indran Amirthanayagam. Por: Miriam López Aguirre (Mirlo)

Es un honor para mí presentar Isla itinerante, un poemario que confirma la relevancia del autor en la poesía contemporánea. Hablar de Indran es hablar de un poeta cuya vida, obra y vocación han hecho del viaje no solo un desplazamiento físico, sino una forma de conocimiento, de sensibilidad y de encuentro humano.

Indran no es solo un poeta: es un constante viajero que ha convertido la errancia en patria portátil, en un territorio espiritual hecho de lenguas, memorias y afectos. Nacido en Sri Lanka, criado entre fronteras y formado también en el oficio diplomático, ha vivido en tantos territorios que su país real no es un lugar, sino el mundo mismo. Por eso escribe y se expresa en cinco idiomas; por eso se siente en casa allí donde aterriza: en universidades, festivales, cafés, embajadas o plazas públicas. Donde llega, comparte su palabra con la fuerza de quien anuncia algo esencial, casi como un pequeño evangelio íntimo: una responsabilidad ética, humana y poética.

En Isla itinerante, esa condición se vuelve símbolo. La isla no es una geografía, sino una conciencia. Él mismo lo afirma con precisión conmovedora: “Soy una isla que se mueve sobre la faz de la tierra” (p. 31).

Esa isla es él, pero también somos nosotros: seres que migramos aun sin movernos, seres que perdemos y recuperamos, que cambiamos de piel, de país, de destino.

Lo que conmueve en este poemario es la honestidad de su voz. Indran escribe desde la vulnerabilidad, desde la memoria personal —especialmente la de sus padres— y también desde la memoria de los pueblos. Esa sensibilidad no anula su lucidez; la fortalece. Su poesía observa el mundo en crisis con una claridad ética que pocas veces se encuentra. Por eso declara, con la contundencia de quien no acepta suavizar la verdad: “Basta de matar niños. Alto al fuego” (p. 106).

Es un verso breve, pero sostiene una postura moral.

Cuando Indran escribe sobre lo íntimo, también nos abraza. Así habla de su madre: “Hay velas encendidas en varios hogares de este mundo” (p. 129).

Ese verso no solo recuerda: ilumina.

Lo fascinante es que todo esto está escrito en un español diáfano, musical y cercano, a pesar de no ser su lengua materna. Su español —el de un poeta multilingüe— no es prestado, sino elegido. En esta lengua encuentra otra respiración del mundo, un modo nuevo de dialogar con nuestras tradiciones y de integrarse sin renunciar a su origen.

Su poética se sostiene en una convicción esencial: la poesía es un territorio de libertad, una patria. Él lo dice de forma luminosa: “¿Cuál será la patria del poeta? El verso, la metáfora, la página en blanco” (p. 31).

Y desde esa patria escribe con una claridad que deslumbra: «Prefiero el verso corto y darle sentido en plena luz» (p. 55).

En ese tránsito entre países, memorias y afectos, la escritura se convierte en un hogar móvil, capaz de sostener lo vivido. Por eso afirma: “Yo no puedo volver, pero siempre escribiré” (p. 81).

En Isla itinerante, conviven lo íntimo y lo político, lo afectivo y lo crítico, lo cotidiano y lo trascendente. Esa dualidad hace que este libro no sea solo un poemario, sino un espacio de diálogo, un territorio de reconciliación interior, una invitación a mirar, a dudar, a acompañar.

Indran viaja mucho, pero no viaja solo. Viaja con sus lenguas, con sus lecturas, con sus muertos, con su conciencia, y sobre todo viaja con sus lectores. Cada ciudad donde aterriza se convierte en una mesa extendida. Su poesía es hospitalidad: acoge, abre, pregunta, abraza.

Hoy celebramos no solo la publicación de un libro, sino la presencia de un poeta que ha hecho del viaje un hogar y de la palabra un compromiso. Un poeta que predica —sin espectáculo— una manera más humana de vivir; que escucha al mundo y también lo sostiene.

Y, sobre todo, celebramos a un poeta que nos recuerda que, aun en un mundo en crisis, “todo poema conversa con su antepasado” (p. 123) y que siempre, siempre queda la palabra para sostenernos.

Miriam López Aguirre (Mirlo)