Ilaciones. Con información de Gela Manzano
El pasado 20 de junio, La Bigotona fue testigo de un encuentro musical inolvidable que reunió a dos trovadores de distintas generaciones: Isaías Alanís y Mohamed Molina, mejor conocido como Kelele. Con sones, chilenas y trova, ofrecieron un recital que puso en el centro la riqueza cultural de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, así como su capacidad de resistencia frente a la violencia y la incertidumbre de nuestros tiempos.
Ambos artistas exploraron, desde sus respectivas trayectorias, los paisajes sonoros de una región habitada por comunidades afrodescendientes, indígenas y mestizas. A través de sus voces y composiciones, Alanís y Kelele entrelazaron memoria, identidad y lucha, llevando al público por una travesía musical profundamente arraigada en la historia de un territorio que ha sabido transformar la adversidad en arte.
Isaías Alanís, poeta, trovador y conocedor de la música costeña —como lo evidencian sus múltiples libros sobre el tema—, compartió escenario con Kelele, originario de San Nicolás, Oaxaca, el municipio con mayor población afrodescendiente del país. Juntos ofrecieron una mirada dual: la del investigador que ha recorrido y documentado la tradición, y la del heredero directo de una cultura viva y vibrante.
El recital fue más que una presentación: fue una celebración del alma costeña, de su ritmo vital y su historia forjada entre instrumentos de viento mesoamericanos, percusiones africanas y sonoridades barrocas. En cada pieza, los asistentes pudieron percibir esa alquimia que solo ocurre cuando el conocimiento profundo y la vivencia auténtica se encuentran.
Con esta presentación, La Bigotona se convirtió en un punto de resonancia para una tradición musical que sigue latiendo con fuerza y dignidad. Un evento que dejó huella en el público y reafirmó la importancia de reconocer, preservar y difundir las voces del sur.

