Zumbido. Por AAA

En cualquier momento puede suceder. Esa es su certeza. No logra moverse a pesar de cualquier intento. Sus esfuerzos sólo provocan heridas a sus miembros sujetos. En cuclillas, contra el suelo, las rodillas arden al roce con la superficie. Respira boca abajo. Una mordaza apenas le permite gemir y pujar. Está expectante de la tortura y ruega que no se convierta en sacrificio. Su entorno es oscuridad cerrada. “¡¿Dónde estoy?!”

—¡Zzz…!

Escucha un zumbido por encima de su cabeza, como el que provoca un insecto volador. Su cráneo es un rompecabezas cuyas piezas están dispersas en el caos. “¡¿Qué pasó?!

—¡Zzz!…

Un segundo zumbido se suma al anterior, pero éste es de consistencia metálica. Con los párpados abiertos trata de volver en razón. “¡¿Cómo fue que?!”

—¡Aaahhh…!

La exclamación le rememora que no estaba solo antes del suceso. “¿¡Dónde estoy!? ¿¡¿Dónde están?!” Su memoria es un fragmento de varias memorias.

—¡Aaahhh…! El alarido insidioso es la adenda de una expresión unilateral. Difícil descifrar cuántos cuerpos lo emiten. Sus rodillas ancladas al piso perciben un líquido viscoso y caliente como la sangre. Sigue en el esfuerzo por recuperar la memoria. “¡¿Yo?!”

Un ser volátil se posiciona sobre su espalda desnuda. “¡¿Todos?!” Un enjambre le viene encima de manera paulatina y sin decoro. “¡¿Íbamos a?!”. A punto de volverle la conciencia, distingue que el zumbido es una amalgama de alaridos, insectos y metal. Aquel líquido espeso y caliente sube de volumen por sus rodillas. Antes de trazar su terrible situación:

¡Zzzzzzzzz…!

El zumbido metálico de una motosierra se impone sobre el alarido de la orfandad. La memoria va al suelo en cuestión de segundos. Una maraña de moscas zumba alrededor. Rueda sobre el pasmoso líquido que la recibe con el reclamo de la verdad.

Alejandro Alonso Aguirre