Dos poemas de Pedro Granados. Perú

Mi hermano Rafael


Con el que nos saludábamos de beso
Siendo él español yo este amerindio
Tal como Germán mi hermano de sangre
No mezquinaba el cariño ni la poesía
Ni su magia ni sus penas conmigo
De las cuales continúo aprendiendo
Querido Rafael Soto Vergés
Que nadie te estafó a pesar de tu cuita postrera
Que no se accidentó mortalmente
Tu serenísima primera esposa
Ni tal como estuviera estipulado
Se esfumara de pronto tu hijo adolescente
Ni escribiste el gallo ciego por gusto
Ni la agorera como si cualquier cosa
Que si llegar a tu piso
Desde donde yo pernoctaba en Madrid
Era ya un largo viaje imaginario
Y sobre un lento autobús
Hasta algún Puerto de Palos del retorno
El cariño es inmortal tal como la magia
Bastan un mago y un hechizado

Huaraz


Lugar de la desolación
Y de la arrechura
Ungüento muy pálido
Sobre los pelados cerros
Un fuelle ambicioso
Sin embargo
En el trajín del río
Y el fluir de mis venas
De mis recuerdos
De mis imaginaciones más bien
Sobre las mismas calles
Donde caminara mi padre
Donde acaso se detuviera
Ante aquella exuberante muchacha
Y se adentraran juntos hacia la espesa retama
Nada es verdad sino el espíritu de los Andes
Pero ninguna de sus estampas
A todas alcanza el ratón
Fuera de los cromos
Los seres humanos sudan y huelen
Y la mayoría no la pasa muy bien
Ni el Sol mismo
Que ya no ve las horas de ocultarse
De tanto esperar por alguien que se lo lleve
Arranque de una vez del cielo
Plataforma remota y tan impotente

Pedro Granados