Alicia Dorantes. Dra. en Historia del Arte
En sus conferencias sobre la custodia del ojo, en la universidad de Bremen en Alemania, Iván Ilich insistió en que la ética de la mirada, que postula la dignidad inalienable del otro, debe partir de un entendimiento de la historicidad de ésta.
Según Iván Illich, hemos entrado a una nueva época de la mirada que él llama «la época del show». El show enajena la mirada de la imagen. Sin embargo, la reciente separación de mirada y de imagen pasa generalmente desapercibida: «estamos amenazados por la emergencia de una época que toma el show por una imagen».[1]
En la época del arte virtual, del cripto arte, la obra en soporte presencial de Raúl Pineda no permite verlo presencialmente y volver a la mirada que toca los objetos mencionada por Illich; contextualizando lo anterior nos adentra con su obra en la unidad cultural del México del siglo XXI; y representa con su obra el tiempo o época actual, señalado por Vasili Kandinsky en “De lo espiritual en el Arte” … cada período de la cultura produce un arte propio que no puede repetirse”. «Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos”. Para constatar lo anterior los invito como espectadores a echar un vistazo al estilo e iconografía contemporánea de la obra de Raúl Pineda a sus grabados de mezzotinta en placa de cobre, cuadros al óleo y dibujos con carboncillo sobre papel bockingford, a aprovechar la exposición en MMAC Juan Soriano “Delirio de media noche” título y obra que de acuerdo al artista nace de sus pesadillas, refleja la influencia onírica del surrealismo impregnadas de sus vivencias en el México del siglo XXI, logrando con la creación, conjuntamente con la pericia de técnica, desentrañar el dolor, creando personajes, algunos anónimos, de anatomía naturalista y expresionistas, consiguiendo en palabras de Pineda una narrativa visual apoyada en la composición, la técnica, la sección áurea. La obra de Pineda con espacios y personajes, saturados de iconografía invita al espectador a la interpretación iconológica, a explicar la violencia, el dolor del México actual, a descubrir la belleza de lo terrible en la maestría de su narrativa formal.

El espíritu de la época; [2] o como menciona Pineda la memoria colectiva, es patente y permanecerá en la obra de Raúl, en el grabado titulado “Crimen de Estado”, tras la obviara de lo observado, resuenan las palabras de Pineda –lo que el velo de impunidad trata de esconder– retrata y revive el sufrimiento de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, la búsqueda infausta de sus familiares y gracias a su genio creativo el velo cae para el espectador al observar el personaje bicéfalo en un rictus de miedo y horror; en obras como “Nunca te pude alcanzar” vemos a modo de close up a personajes ahogados con bolsas, retratando la barbarie del siglo XXI, la realidad violenta que vivimos y de la cual tratamos de escapar, y refleja el inconsciente colectivo de la culpa y la tortura en la espera de ser la siguiente víctima.
Con maestría Pineda sintetiza las corrientes artísticas desde el Renacimiento hasta la actualidad. En el grabado “te encontré el día de mi cumpleaños”, a modo de la “La Piedad” de Miguel Ángel plasma el dolor y ternura de una madre buscadora quien al cesar la búsqueda abraza a su hijo rodeada de flores, homenaje a la gratuidad de la dadora de flores.
“El ultimo baile”, grabado de un joven ahogado en un lago rodeado de plantas y flores nos recuerda la obra Prerrafaelista de John Everett “Ofelia” Millais, los elementos de flores y plantas se convierte en una constante simbólica en sus obras y funciona como distractor con su belleza del horror de la escena narrada.
La obra “autorretrato en carboncillo papel/bockingford, joven asfixiado con una bolsa que cubre su rostro, el propio Pineda se retrata en el horror de la tortura, a modo de la obra “El Grito” del expresionista alemán Edvard Munch.
Obras en óleo sobre lino como “México belleza y violencia” permite al espectador maravillarse de la forma de interpretar la belleza anatómica, los detalles de la bolsa de plástico que nos distrae del horror de la muerte de un joven por tortura y asfixia. En la obra “Paraje “la maestría de técnica y composición con la que logra plasmar la serenidad y belleza de la joven víctima y sustraer por unos instantes al espectador del feminicidio hasta lograr finalmente escandalizarlo al hacerlo consiente de la belleza del horror.

En conclusión, la obra en soporte presencial de Raúl Pineda logra lo que menciona Jean Robert de la mano de Iván Illich en el estudio sobre la mirada, permite al espectador cuestionarse el horror de la violencia de esta época con la ética de la mirada, introduce al espectador en la narrativa de la obra, y en palabras del artista logra la armonía estética con la composición y la sección aurea regresando al espectador a la mirada psicopódica que toca los objetos, y permite descansar de las seudo-imágenes de la época del show que muestran medidas visualmente sintetizadas de la nueva época de la mirada que Iván Illich llama «la época del show».[1]
De acuerdo a las propuestas de Jean Robert puedo decir que gracias a artistas como Pineda -el espectador no se permite ser absorbido por los shows, puede, contra la lógica de esta edad escópica, reconstruir un punto de vista, puede aún mirar activamente, no se integra a sistemas interactivos y retoma un remanente de regímenes escópicos pasados, donde se puede recobrar libertad y dignidad y practicar una ética óptica.




[1] La guarda del ojo en la época del show Jean Robert, Cuernavaca (México), enero de 2004.
[2] Planteo esto último retomando la expresión con la que se traduce la palabra compuesta alemana zeitgeist, cuya circulación se debe principalmente a Hegel que fue recogida y elaborada por varios autores románticos. A partir de que “ello ocurre sobre todo cuando se entiende el espíritu de un determinado pueblo, que es el que representa un momento fundamental en el proceso de la historia”.
[1] La guarda del ojo en la época del show, Jean Robert, Cuernavaca (México), enero de 2004.
