El Museo Leonora Carrington en San Luis Potosí está dedicado a la obra y a la vida de una de las artistas más destacadas del movimiento surrealista. He aquí por qué el museo es parada obligada en todo viaje a San Luis Potosí.
Al entrar en el Centro de las Artes, a unos diez minutos a pie del centro histórico de San Luis Potosí, se abre un gran patio enmarcado por muros pintados de un rosa intenso. A la izquierda, de inmediato llama la atención una escultura: una mujer sentada con vestido blanco, cuyo rostro parece el de un gato, o quizá el de un ser extraterrestre. Es apenas un anticipo del recorrido por el mundo mágico de Leonora Carrington. La obra surrealista de esta pintora y escritora británico-mexicana es colorida, pero impregnada de una oscura mística; entrelaza lo cotidiano con lo onírico y evoca criaturas de las leyendas irlandesas, la mitología celta y las raíces de la cultura mexicana.

San Luis Potosí, ciudad de 1,3 millones de habitantes y capital del estado homónimo en el centro de México, resulta el escenario perfecto para un museo dedicado a Carrington. Aunque la artista residió en Ciudad de México, pasó temporadas en la Huasteca potosina, un paraíso natural al sureste de la capital. Los paisajes de esta región montañosa —con sus espectaculares cascadas, ríos de tonos azulados y turquesa, y cuevas ocultas de guacamayas entre selvas encantadas— desprenden un aura surrealista. No en vano sedujeron en su día al coleccionista, poeta y mecenas británico Edward James, quien allí creó su parque escultórico de ensueño, Las Pozas, hoy convertido en una de las principales atracciones turísticas de Xilitla.
James y Carrington compartieron una profunda amistad. El mecenas solía decir: “De todos los artistas que conocí, Leonora fue la que cruzó más fronteras, la que escaló más cordilleras y navegó las profundidades más hondas”. En la casa de James, dentro del jardín escultórico, aún se conserva el mural de Carrington “La Hija del Minotauro”. En octubre de 2018 se inauguró una extensión del Museo Leonora Carrington en Xilitla, con 63 piezas originales: esculturas, dibujos, litografías, fotografías, tapices y máscaras de seres fantásticos.
El museo principal de San Luis Potosí, primero en el mundo dedicado a la artista, había abierto unos meses antes, en marzo de 2018. Pablo Weisz Carrington, hijo de Leonora, buscó durante años un lugar idóneo para albergar esculturas, pinturas, joyería, manuscritos y objetos personales de su madre. Lo halló en el Centro de las Artes, un recinto que entre 1904 y 1999 funcionó como la penitenciaría estatal. De estilo panóptico, sus muros sirvieron casi un siglo para encerrar personas e ideas; hoy son espacio de creatividad y libertad, con galerías, salas de exposición, teatro, biblioteca, además de funciones de danza, talleres y conciertos.

De martes a domingo, de 10 a 18 horas, el museo abre sus puertas —con una entrada de 55 pesos— al universo fantástico de Leonora Carrington: un mundo extraño, inquietante y misterioso, arraigado en los relatos celtas que le contaban su madre, su abuela y su niñera irlandesa en la infancia. Estas visiones oníricas se materializan en 2,500 metros cuadrados, instalados en lo que fue el pabellón femenino de la cárcel. Para Pablo Weisz, el sitio tenía la carga simbólica adecuada: Leonora fue pionera del feminismo en el México de los años 60 y 70.
El recorrido inicia con una sala dedicada a la vida de la artista, que comenzó en 1917 en Clayton Green, Inglaterra, en el seno de una familia acomodada. Desde niña mostró rebeldía e imaginación desbordante: no encajaba en las rígidas normas católicas de sus padres, fue expulsada de dos colegios de monjas y, desde los seis años, dibujaba criaturas fantásticas que desesperaban a su padre. Este llegó a considerarla desequilibrada y en 1940 la internó en un psiquiátrico en Santander. Leonora logró escapar, huyó a Nueva York y finalmente llegó a México, donde desarrolló su talento artístico durante siete décadas, hasta su muerte en 2011.
En las antiguas celdas de la planta baja se exhiben esculturas de bronce como “Ave” (2010), “Gallo” (2010), “Cocodrilo” (1999), “Un Abrazo” (2011), “Cantante Muda” (2010) y “Gatomaquia” (2009). Al salir del pasillo —antes sombrío, hoy pintado de rosa— se llega a los patios exteriores, donde aparecen más seres de fantasía, como “El Desconocido” (2009). En el patio central se erige una de sus esculturas más célebres: “La Barca de las Grullas” (2010). Desde allí se accede a otra sala, destinada a exposiciones temporales. En diciembre de 2024, por ejemplo, se presentó Oneiros, del joven artista surrealista José Luis Alviso Hernández, con cuadros impregnados de mitología griega.

Una escalera conduce al segundo nivel, donde un pasillo rodea un óvalo abierto que permite contemplar desde arriba «La Barca de las Grullas». La arquitectura dialoga con la obra de Carrington: la forma oval se repite a lo largo de su producción. En las celdas de este piso se exhiben más esculturas y litografías, como “La Silla, Daghda Tuatha dé Danann” (2011, basada en un original de 1955) y “Nueve, nueve, nueve” (2011).
Además de su colección permanente y muestras temporales, el museo organiza cursos, talleres y seminarios sobre arte y surrealismo. Es un centro de investigación dedicado tanto a la obra de Carrington como al arte en general. Ofrece visitas guiadas, y su tienda de recuerdos reúne un variado repertorio de objetos para llevar un pedazo de San Luis Potosí a casa.
Salir del museo, después de un recorrido tan onírico, es como despertar de un sueño extraño y volver a la realidad. No solo la obra de Carrington, fruto de más de ocho décadas de creación, deja una huella profunda: también la transformación arquitectónica del antiguo penal en un espacio luminoso de arte y libertad resulta sobrecogedora. La propia artista, rebelde y surrealista, seguramente habría celebrado que un lugar de encierro se convirtiera en un santuario de imaginación.
Hoy, el Museo Leonora Carrington es uno de los espacios culturales más visitados de San Luis Potosí: un viaje a los mundos surrealistas de la artista que se convierte, sin duda, en uno de los grandes atractivos de la ciudad.




